_Conspiraciones_

Es final de mes. Me faltan los euros y me sobran los minutos. Voy a pasar el viernes noche bebiéndome las palabras, que todavía son gratis.

Por qué creemos en conspiraciones es un artículo que Kiko Llaneras escribió para Jotdown y que tengo lleno de marcas y anotaciones. “Preferimos creer en villanos antes que aceptar que el mundo está, en parte, en manos del azar y la incertidumbre”, señalé en azul fosforito.

Y ahora no me acuerdo cuál fue el motivo.

Quizás porque estoy harta de la convivencia ininterrumpida con esas dos palabras: “azar”, “incertidumbre”. Les concedo vacaciones, las despisto con propuestas creativas, les pongo buena cara y empapelo la ciudad con currículums reinventados… pero siempre vuelven a casa. Que fuera hace frío y no conocen a nadie disponible, dicen.

Otra razón por la que pude señalar la frase es el arte conspirador que desarrollé para explicar por qué el vecino no quiso seguir besándome.
Y hablo en pasado porque ya no conspiro, ahora lo escribo para hacer hueco.

Llaneras decía que “cuando tenemos una teoría favorita, por todas partes encontramos piezas”. Y mi amiga Sara, que es muy sabia, remató hace tiempo diciendo “lo que ves es más fruto de las ganas que de la realidad”. Y entre las charlas con unos y las lecturas de otros, me acuerdo de aquellas horas en que conspiraba contra mí y contra ti, según por el lado del que soplara el viento.

Contra mí al deducir que algo me faltó para revolverte las cartas. Restauraba conversaciones, revolvía de nuevo las sábanas, revisaba detalles. Hasta que me aburrí.
Y contra ti cuando concluí que te faltó ritmo y jaleo en la sangre, o que tenías una doble vida que terminó reclamando tus siestas, los planes y los fluidos.

Esta última es mi conspiración preferida. Como comprenderéis, algún día tenían que aflorar las telenovelas que veía de pequeña en casa de mi abuela. Luz María, Esmeralda y Pobre Diabla se reunieron en un aquelarre dramático para inocularme una noche esta idea. Porque la soñé, lo juro.

A ver, yo creo que el vecino y yo vamos a casarnos y el todavía no lo sabe.

O igual esto también me lo he sacado de las telenovelas…

Lo que es seguro, es que dejamos de dormir juntos por culpa de las ganas. Que no estaban, se habían largado haciendo una “bomba de humo”. Pero como decía el artículo, las conspiraciones sirven para responder preguntas para las que no tienes argumentos, para las que no tienes nada. Yo no tenía razones para que dejara de berrear el cerebro, ¡se moría de hambre! Y le alimenté.

Pero le tengo adormijado con la digestión. Y ahora que no nos oye, yo sé que no hay conspiración que valga. Porque sí, hay cosas que pasan porque uno no quiere.

Normalmente, el otro.

Y punto.

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Fotografía: Yo, cuando me llamó el vecino para decirme que era una mujer única, especial y que él también me echaba de menos, sobre todo los domingos.
Ah no, que esto también pasó en la telenovela.

 

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