_30_

30. Treinta. XXX.
He subido un escalón. Da igual cómo lo escriba.

Con tres décadas en la planta de los pies me he ganado el derecho a disfrutar de la oportunidad que me brinda una buena amiga. El derecho a quejarme de los vagos que triunfan y de los genios que fracasan.

Entrando en la tercera planta y con el callo de un bolígrafo en el dedo, he aprendido a abrirme con la tinta, volar entre líneas y susurrar(le) con lo que escribo. Vaciar la rabia, las ganas y la duda. Buscar el porqué, un dónde y un cuándo.

Sumando 30 he perdido la cuenta de los deseos que he empezado a fabricar, los días que me he rendido cansada de inventar y las veces que me he rehecho porque no sé descansar.

Con tres décadas he creído que deseándole, vendría. Y también que escondiéndome, le olvidaría. Ninguna de las dos cosas es cierta y no me importa. Con tres décadas también he aprendido a quererme por encima de todo(s) y a elegir(me) cuando otros no lo hacen.

Ahora que ya van 30, he descubierto que la verdadera calma te la dan los de siempre. Que a quienes he cuidado, me miman. Que tengo tanto amor en mis amigos que anhelarlo en otra espalda me resulta ofensivo.

Con el cambio de cifra deseo cada mañana con menos impaciencia que la noche anterior, y me lo escribo para leerme mis aspiraciones cuando no entiendo nada.

Con la claridad racional que me brindan el 3, me preocupo porque mi padre deje de trabajar, que 58 son muchos años para que el frío y el calor le arañen la expuesta calva. Añoro que mi madre viva su vida como quiera y no como el egoísmo senil de mi abuela le deje. Y espero que mi hermana sueñe por encima de sus posibilidades, fuerte, con rabia y sabiendo que puede.

A lo largo de 3 decenas he llorado con una muerte a destiempo, con el recuerdo de una tal Margarita ocupando mi lugar en la memoria de un abuelo y la despedida pacífica y vulnerable del otro. He temido un diagnóstico y pretendo celebrar resultados.

Ahora, con el 30 instalado en casa me río de quienes critican hoy y lo harán mañana sin saber quién eres. Le sonrío al miedo a perder, a ganar y a enseñar la maleta por dentro. Tomo cervezas con la calma y la prisa, la soledad y el ruido, el querer y el olvido.

Para acompañar los 30 escucho jazz, cuplés o rap. Bailo sola porque acompañada te piso un pie. Me pierdo sentada en la silla de un local si allí cantan en directo. Invento historias en la barra de un bar y colecciono sitios donde brindar con café y sin excusas.

Calzando la nueva cifra he admirado más a mis padres, que sin acostumbrar decir “te quiero” han sabido dejárnoslo claro. Que pusieron en mi mano el lápiz y los cuentos y nunca intentaron acercarse a cortar mis alas. No fueron los más ricos ni los más osados, pero nunca les faltó un viaje, un teatro, un libro o una película con los que intentar que todos soñáramos más alto.

Con la treintena aún no sé cómo dejar de creer que él volverá a besarme, ni cómo se quiere por catálogo. Tampoco he adivinado la fórmula de algunos para seleccionar los momentos o sedar las palpitaciones. Pero aprendo rápido, soy la empollona de mi curso y además, lo que no sepa, lo copio.

30. Treinta. XXX.
Da igual cómo lo lea, esta va a ser mi década prodigiosa.

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s