_Por la mañana_

Tengo en la punta del boli una apología del sexo por la mañana. Un baile de cuerpos antes de desayunar es dar las gracias con la piel, un gesto de buena educación animal e instintivo.

Enroscarte con -y entre- otros brazos por la mañana es recordar que lo que explotó la noche anterior, con la luz apagada y el deseo en llamas, no fue algo aleatorio. Querías, quieres y querrás repetir la danza.

Desconfío de la gente que no busca mi calor cuando despierta, es un ejercicio de supervivencia que he aprendido. Amanecen a tu lado pero no te rozan, mantienen una distancia de seguridad inventada, se cuela el aire frío del exterior entre los dos, se respira el arrepentimiento, la duda, o se escucha un chirriante y asustadizo freno.

Y lo sé porque yo (no) lo he usado para pintar las distancias.

El sexo mañanero es una demostración de confianza y curiosidad potencial. No siempre hay fuegos artificiales como con la luna en lo alto, con la primera luz del día hay legañas. Las bocas quizás tengan cierto regusto a alcohol con un toque de aliento matutino. Habrá unos minutos de cortesía hasta que el vello se erice pidiendo su dosis de labios y sudor. Y puede que los movimientos tengan cierta cadencia zombi de recién levantado. Pero la tentación por la mañana es una manifestación inequívoca de que el deseo no entiende de relojes, solo de ganas. De saber, de palpar, de probar, de esperar.

Dime cómo buscas la intimidad al despertar y te diré qué quieres. Este refrán se acerca más a la realidad que la versión original, está testado dermatologicamente bajo sábanas. Hay quien se acerca con sigilo al cuerpo tendido a escasos centímetros, mandando a su respiración por la espalda de avanzadilla. O quien lo hace con descaro y la mano tendida, quitando ropa y desatando ansia. Los hay tímidos hasta el primer bostezo y cautelosos hasta tu segundo suspiro. Existen los cuerpos con energía sin necesidad de Cola-Cao y con ritmo aún habiendo trasnochado.

No recuerdo ninguna ocasión en que haya abierto los ojos, sonría por redescubrir a  quien me acompaña, y no haya buscado de algún modo mezclarme para que estalle con una feria la mañana.

Creo que despertar tu tótem animal para que se encargue de dar los buenos días es una cuestión de buena memoria, educación y ganas.

Y yo también he estado senil, he sido maleducada y no me ha apetecido nada.

La vida, que no siempre es ideal según arranca la mañana.

 

Fotografía: http://www.borjafilms.com

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