_Viejas tramas_

La última semana del año es un festival de pasado. Unos días para bañarnos en lo vivido, volver, rescatar, cambiar de actitud, decidir qué vamos a olvidar. La última semana del año es una orgía de recuerdos, realizada con premeditación y alevosía.

El pasado es como un padre de hace siglos. Ese señor que asustaba a los pretendientes con su mirada, al que había que pedirle permiso para acercarse sin obstáculos a la bella dama.

El pasado debe encontrarse cómodo con quien viene a llamar a su casa. El pretendiente le pedirá la mano de su historia, y si acepta, podrá entablar una relación sin sobresaltos.

El papá pasado viene algunas veces a reunirse contigo. En Navidad, Año Nuevo, el cumpleaños. Pero si tú estás en calma y lo recibes con naturalidad, no da guerra. Hace acto de presencia para contar alguna vieja anécdota, quizás para dar algún consejo o reírse de los dramas superados.

El pasado crece cada día y nos quedamos con lo positivo o lo retorcido según las ganas que tengamos de reconciliarnos con el. Tenemos miedo de revelarlo, de ponerle nombres y escenarios, de decirle a otro: “Mira, estos son mis ancianos capítulos. Esto me sigue dando miedo, aquí me equivoqué, aquí aprendí, aquí patiné y aquí me hice pis de la risa”. Nos asusta que quienes tenemos enfrente nos juzguen, que no les guste lo que fue, que se marchen con o sin sigilo.

Pero este susto debe pasar al baúl de los recuerdos, vecino de las páginas ya leídas. Te reconcilias con tu tempo cuando el pasado deja de decidir por ti. Pídele al presente que te den igual las viejas tramas, porque lo que opinen de ellas, ya no es tu problema.  Debes aprender a convivir con lo añejo, bailar cuando venga de visita y cantarle por bulerías hasta que se marche roto de cansancio.

La suerte (si es que existe y se llama así) es que te cruces con alguien que sepa mirar tu historia con los mismos ojos que mira tu cuerpo. Que te desnude igual los temores y las metas, que la la piel. Con curiosidad, impaciencia, y el deseo de calentarse con tu calor cerca. Quédate con quien sepa pedirle a tu pasado la mano de tu presente, y se quede a escuchar la versión extendida.

Quiérete las viejas tramas. Y las de quien tienes al lado, también. Al pasado no hay que escucharle demasiado, pero sin él, no existe una buena historia.

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Ilustración de Sreejith P A

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