_Chachachá_

El otro día empecé mis clases de baile y he descubierto que a veces la vida te saca a bailar y te exige que confíes, desconfíes o te adaptes al ritmo de otra persona, según exija la música en ese momento.

Primer día de clase, y yo solo tenía la certeza de que cuando bailo sola el veneno sandunguero se apodera de mí. Cuando son otras manos las que pretenden guiarme, la historia cambia. Poco, mucho, depende de las ganas de bailar que tenga.

Estas clases parten de la premisa de que hay que bailar con gente distinta para conocer el ritmo de todos, ganar tablas y encontrar tu tempo perfecto. El profesor explicando las bases, y yo empezando a montar mi película.

Con la segunda canción y un par de giros, empiezo a reconocer mis movimientos sabrosones, el profesor intuye las maracas sonando en mi cabeza, y me saca a bailar provocando un nuevo capítulo de la película.

Con los ritmos latinos el paso fluye cuando confías en tu pareja de baile. Da igual la música que suene y los quehaceres que te esperen fuera de la pista. Aquí y ahora, nada más.

En el profesor confié, porque en ese momento era el tipo de persona que se siente segura con sus movimientos, sabe qué hacer para no tropezar y cuál sería el próximo paso o, al menos, que le apetecerá seguir bailando.

Pero también me enfrenté a Héctor, con nombre de valeroso guerrero, sospecho que no con el baile. A veces aparecen compañías rígidas como una escoba, que van preparando los pasos en voz alta, cantándote unas estrofas coherentes solo para ellos y sin ritmo. Ni lento, ni rápido. Inexistente.

Igual pasa con las personas.

El profesor me regañó entre sonrisas que sonaban a collejas, regalándome el tercer capítulo de la película. Sus razones eran que cuando no domino el paso que viene después, me acelero. Como si la velocidad viniera siempre con buenas noticias, con certezas. Me dijo que cuando estoy cómoda, bailo relajada. Insistía en que con él sabía adaptarme al ritmo que me pedían sus pasos y la canción, que buscara esa sensación de flotar ante todo(s). También me regañó porque al arrítmico compañero le guiaba yo, cuando mi papel era otro, y que a pesar de mis coherentes razones, él exigía mucho más tiempo para entender los movimientos.

Acabó la clase de baile, y pensé. Parece que la vida consiste en bailar tu ritmo preferido, con el tempo adecuado y una pareja que quiera -y si sabe, mejor- hacerte girar con destreza y equilibrio. Destreza para que el baile fluya bonito, con gracia. Y equilibrio para que ninguno imponga su velocidad, porque no siempre será la acertada.

Y hasta aquí mi primera clase de ritmos latinos.

Nunca subestimes la filosofía vital que esconde un chachachá.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s