Thelma sin Louise

No tengo que esforzarme demasiado para recordar cómo supe que cambiabas las calles de Madrid, por la brisa de Palma. Me acuerdo que dolió, porque se desprendía un pedazo cómplice de mi vida, el contrincante en los cafés que lo bañaban todo, sobre todo el absurdo y las dudas.

El tiempo no ha conseguido que deje de echarte de menos, pero si ha conseguido que al mirarte de lejos, te admire aún más.

Eres como yo, una Transformadora de Ojalás. No sabes quedarte de brazos cruzados, esperar que te agasajen los besos de cualquiera. Tú entrechinas los ojos y te esfuerzas por ver un poco más.

Y si lo encuentras: lo quieres, lo buscas, lo cuidas.

Por tu Reino de Ojalás también han pasado juglares que amenizaron la velada con unas risas e historias de continentes lejanos, conquistadores que se quedaban lo justo para iniciar un nuevo viaje lejos de tus tierras, o malabaristas que resultaron pésimos bufones.

Pero tú, resistes. Cabreada y con las mangas remangadas, aquí hay mucho que limpiar. Que tenga cuidado el próximo en solicitar audiencia porque va a recibir el golpe que llevas caliente en el puño, aunque después le calmarás el susto con una inteligencia emocional que muchos temen y pocos reconocen.

Atenta, amiga: el miedo no se disimula en las distancias cortas o las camas pequeñas. Que no te mareen el ánimo, que tu necesitas la cabeza para seguir maravillándote con un nuevo proyecto, un nuevo baile, una nueva página, una nueva ilusión. El camino que te haga cosquillas en los pies, el que te de la gana recorrer.

Hablo de hombres, sí. Pero por suerte juegas con la misma fuerza las cartas de la vida. Con más fortuna, qué alivio.

Eres mi Thelma, o mi Louise. Juntas hacia el precipicio, por gusto. Hasta que un día, sin esperarlo, después del vértigo descubriremos que volamos. Y vamos a llorar de la risa, lo sé.

Vas a dar la vuelta al mundo, y si no te lo crees, te lo escribo. Quizás en barco, o en una conversación, quizás en una reflexión. Toda tú eres un viaje.

Un viaje por la historia de la filosofía, donde unos días nos despertamos positivas y otros escépticas. Eres un viaje por la astrología, donde ambas navegamos en agua a golpe de latido, lidiando con mucho humo y poco fuego. Contigo he viajado a las palabras que otros cantaron y escribieron para arañarnos algún punto, en la voz de Silvio, en los versos de Irene. Eres el 9 perfecto para mi 7, la instigadora de mejores vicios, una viajera de la mente.

No tengo claro dónde vamos a llegar, pero quiero seguir viajando contigo. Elijo jugármela a la emoción más intensa, a la charla más vehemente, al recuerdo más divertido. Escojo seguir matando mis monstruos y ser la retaguardia que enfrente los tuyos. Pido ser la copiloto del Ford Thunderbird descapotable color azul en el que aún nos queda mucha carretera por descubrir.

Que los 31 te lleven a muchos puertos, Sarsu. Yo voy contigo, queriéndote como te mereces. A rabiar.

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