_Tu castillo de barro_

Tengo un amigo que dice que no tener a alguien a quien besar cuando llegas a casa, es duro.

Le tiembla la voz más veces que el cuerpo, porque necesita una mirada externa que le diga que es capaz de conseguir lo que se proponga. Lo bien que le queda la camisa. Y las ganas que tiene de exprimir la palabra “sexo” con él.

A ti que estás leyendo -y a mí primero- también te encanta(ría) esa escena después del trabajo. Pero una vez más, es cuestión de verbos. “Necesitar”, nunca, jamás y expresado en cualquier idioma, te dará tanto y de la misma calidad, que el “querer”.

Me he cabreado decenas de veces por su discurso, por sus lágrimas y su tendencia a buscar en otro la puerta para sentirse bien. Le prometí escribir todo lo que tenía que decirle, para que se mirara en estas líneas la próxima vez que el ánimo cogiera el petate para marcharse al barro. Aquí está mi deuda, por si alguien más la quiere leer.

Son malos tiempos para las personas que sienten. La sociedad actual castiga la emoción espontánea y verbalizada, y la veo más venerada en los libros y películas, que en las caras que han dormido conmigo.

Mezclamos deseos, miedos e inseguridades. Apuntamos con terrores heredados y disparamos a nuestros propios zapatos. Y después, gritamos que somos libres y que elegimos no tener a nadie a nuestro lado.

Se lleva la prisa, el elegir los momentos, el correr si el otro empieza a sentir algo más que yo. Pero amigo, nosotros no somos así, y si no me tropiezo con otro de mi misma especie, no me voy a conformar. Y tú, tampoco.

El vértigo, cuando necesitas, te empuja a otra persona por miedo a la soledad. Y estar sola es el mejor ejercicio de crecimiento personal que he podido encontrar. Echando de menos, queriendo por encima de lo que merecían, odiando la suerte de a quien rechacé, preguntándome por qué no se quedó, o confundiendo lo que sentía con lo que pretendía sentir, me di cuenta de lo bien que se me da estar sola y lo mucho que me apetece dejarlo de estar.

Sin necesidad, ni razones. Solo ganas.

Y hasta que tú no sepas señalar en una rueda de identificación qué necesitas y qué quieres, no vas a dejar de llorar deseando que venga otro a darte exactamente lo mismo que te ha frustrado noches enteras.

No eres atractivo porque otro lo dice, lo eres porque tú lo ves. No eres lo que otros opinan, porque todos tenemos una frase que lanzar a tu favor o en tu contra y tú solo eres tú. No eres tus errores, porque son lecciones de tu pasado. Deja de responder lo que el drama quiere oír y hazte preguntas.

¿Qué quieres hacer mañana? Si te gusta un plan de música, compra entradas para un concierto. ¿Te apetece desconectar? Organiza una escapada a la montaña. ¿Quieres conocer gente nueva? Ven conmigo la próxima vez que te lo proponga. ¿Quieres que se enamoren? Quiérete tú primero.

Deja de inventar excusas para justificar tus decisiones e invierte ese mismo tiempo en buscar soluciones. Están ahí, iluminadas con luces de neón, esperando que gires la cabeza, pero con los ojos abiertos.

Soy contradictoria, impulsiva y absurda. No sé si soy la mejor persona para decirte cómo dosificar tus emociones, pero tengo mucho arte para tropezarme y varias botellas de vino blanco en la nevera. Cuando quieras abrimos una y te cuento cómo me reconcilio con mi historia cada vez que me toca un capítulo rancio.

Siento desmontar el castillo de barro que has decorado con tus peores hábitos. Sal de ahí, ahora mismo. Recoge algo de prudencia por la experiencia vivida, los deseos olvidados que has encontrado y lárgate de esa fortificación que huele a cerrado.

Es sábado, son casi las doce de la noche, hay 37º y estoy comiendo sandía mientras escribo en bragas. Ahora mismo me encantaría tener un plato de croquetas caseras o un tío en calzoncillos besándome la espalda.

La realidad a veces se pone chula porque está aburrida de nuestras tonterías, así que juega con ella. Amigo mío, estoy convencida de que si te diviertes encontrando lo que quieres, te darás cuenta de que muy pronto dejarás de estar buscando.

Y recuerda, siempre nos quedará Oporto.

Iduna RuSol

 

 

 

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